Thomas Alva Edison, el inventor del fonógrafo y la lámpara incandescente, se enamoró del cinematógrafo, y en 1879 les compró a los Lumiere sus derechos de explotación para la Costa Este. A finales del siglo XIX, Edison cobraba derechos de explotación a pequeñas empresas productoras, que pronto empezaron a considerar abusivos los derechos que Edison pretendía.
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Edison era un genial inventor, pero como a muchos otros, el libre mercado era algo que no le simpatizaba, y empezó una batalla en los tribunales conocida como la guerra de las patentes.

La mayoría de las empresas de cine, no vinculadas al círculo de Edison, decidió que no quería seguir perdiendo el tiempo en tribunales. ¿Qué hizo? Se mudó. Se fue a California, a un pueblo muy pequeño que había sido fundado en 1857, llamado Hollywood. Este simpático lugar, aparte de las bajas tasas impositivas, tenía una ventaja adicional: los días eran más soleados.

Durante las primeras dos décadas del siglo XX, las películas eran silentes. En 1927 se estrenó The Jazz Singer que fue el primer largometraje con sonido sincronizado. Una década después el cine mudo casi había desaparecido. Todas las mejoras en la industria fílmica fueron producto de empresas capitalistas, que buscaban mejorar la calidad técnica de sus producciones y también mejorar sus réditos (algo absolutamente normal).

Los estudios seguían las señales del mercado (las utilidades o pérdidas). Así que a veces compitieron entre sí, y otras veces se fusionaron. De esas fusiones nacieron la 20th Century Fox y la Metro Goldwyn Mayer. La idea era mejorar servicios y aprovechar las ventajas de las economías de escala. Pero los artistas alegaron que los empresarios sólo les interesaba el lucro y no el arte.

Y empezó una guerra por unas supuestas censuras. Una falsa victimización, ya que en esa época se filmaron películas de corte socialista como Mr. Smith goes to Washington, que era una abierta desacreditación al sistema político de EEUU. Producción dirigida por Frank Capra, director de cine abiertamente comunista. Nunca hubo tal censura, aunque quizás sí debió haberla (no se puede ser uno amable con la izquierda).

Una vez conquistada la industria, el siguiente paso era penetrar la crítica y los premios. ¿Cuál era el objetivo? Trasladar la agenda marxista al cine, para desacreditar todo aquello que las izquierdas asocian con occidente y el capitalismo.

¿Qué tienen en común La sociedad de los poetas muertos, Una mujer maravillosa y La forma del agua? Que todas son ganadoras de al menos un Oscar. La pregunta que nadie hace es ¿obtuvieron el premio por su cualidades como filme o hay algo más por atrás? Lastimosamente, detrás de los premios, se encuentra el marxismo cultural, y su guerra declarada contra la ética y la razón (ambos pilares del capitalismo).

La sociedad de los poetas muertos es una afrenta directa contra la autoridad del profesor, la educación clásica y la verdad objetiva. En el filme se incentiva la ruptura de libros como mecanismo de incentivar la creatividad (como si se pudiera crear sin el conocimiento del pasado). Se la puede resumir en: vive la vida sin reglas, así serás más creativo.

 

La Sociedad de los Poetas Muertos, Robin Williams (1989)

 Una mujer maravillosa y La forma del agua son una apología de la agenda LGTBI y los dogmas de la ideología de género, que buscan destruir cualquier base moral e igualar el bien con el mal. Les puedo asegurar que en futuros premios de la academia tendremos filmes sobre pedófilos y zoofilos luchando por sus derechos.

¿Y la derecha? Con muy salvadas excepciones, la derecha sigue encerrada en demostrar la superioridad del libre mercado, el papel del banco central y el rol de los empresarios. Trabajo válido, pero insuficiente, ante una izquierda que conquista a pasos agigantados los espacios culturales.

Los escritores argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez constantemente nos recuerdan, que debemos reinventar la derecha. Y que ahora el frente cultural es tan importante como el económico. Es hora de escuchar sus sabios consejos y empezar a ganar terreno. ¿Por qué no soñar con una película abiertamente de derecha?

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