Judith Butler, en su libro El género en disputa, intenta romper con la natural relación sexo–naturaleza–cultura. Según ella, el género es previo a todo discurso que trate de definir lo que somos. Somos un cuerpo cambiante que adopta tendencias sexuales variables y yo soy lo que elijo ser en cada momento.

De este modo cada uno decidirá cuál es su sexo, pero no solamente entre las opciones de ser mujer o varón, homosexual, bisexual, transexual, neutro, entre otras, sino entre cualquier modelo inventado que uno pueda proponer, por muy ocurrente que sea.

Para Simone de Beauvoir (filosofa marxista), el sexo y el género se mueven en esferas distintas, de ahí su máxima frase: No se nace mujer, se llega a serlo. Paradójicamente, bajo este discurso, muchas luchas del feminismo de primera ola, quedan obsoletas, porque, técnicamente, un varón con barba también puede reclamar su derecho a la feminidad.

Al igual que el marxismo clásico, la nueva izquierda está llena de sofismas incapaces de soportar un análisis teórico serio, que agrupados conforman lo que se conoce como ideología de género, que son sólo un grupo de ideas anticientíficas de la sexualidad humana, que pasa por alto los conceptos de ciencias como la medicina y la biología, y reduce la sexualidad a la variable cultural. Entonces ¿qué impide que culturalmente yo vea bien la pedofilia, la zoofilia o la necrofilia? Nada, porque una sexualidad explicada desde la cultura no conoce límites posibles.

Agustín Laje, Nicolás Márquez y Nelson Medina (sacerdote dominico) en sus diferentes trabajos, escritos y conferencias, nos explican que no es posible implantar la ideología de género, sin el crecimiento del poder estatal.

A las viejas leyes de corte marxista (impuestos progresivos y control de la propiedad privada), debemos añadirles, todas las nuevas inspiradas en la ideología de género. Por ejemplo: las leyes antidiscriminación vulneran el derecho básico de elegir en libertad.

Desgraciadamente, en muchos países (Bolivia incluida), la escuela es el instrumento de transmisión de los dogmas de la neo-izquierda. Los conceptos de diversidad, tolerancia y respeto por las diferencias presentes en la ley son sólo el empaquete bonito para venderte un producto tóxico. Siguiendo el consejo de Paulo Freire, los pedagogos intentan convertir a nuestros hijos en agentes subversivos, incapaces de pensar y figuras fabricadas a medida de los intereses neo marxistas.

En el siglo XX la defensa de Occidente pasaba por una defensa del sistema económico de libre mercado. Hoy la defensa de nuestra civilización, pasa por una batalla en el orden cultural. Recuperar la libertad educativa y de pensamiento son las tareas para nosotros.

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