No hay duda que, el libre mercado es la única forma eficiente de tratar con el problema de la escasez y producir riqueza. Lo anterior lo afirman incluso los socialistas que abrogan por un sistema mixto: libertad de comercio para producir y socialismo para distribuir. Los defensores del sistema mixto suelen sostener su postura en una supuesta falta de ética en los empresarios e inversionistas. ¿Es correcta esa premisa? No, de hecho, es la mayor falacia que existe.

La ética es el conjunto de normas universales e inmutables que permiten la sana convivencia social. Todo aquello que atenta contra los sanos principios del orden social es, por lógica contrario a la ética.

El mercado es un proceso desencadenado por la acción de los hombres que van poniendo de manifiesto sus particulares escalas de valores. La propiedad privada es, la institución fundamental del mercado. Entonces, para que el mercado funcione, requiere un marco ético (reflejado en un sistema legal) que garantice la propiedad privada. Ergo las ciencias morales, jurídicas y económicas constituyen un trípode inseparable.

Ignorar la ética es la mayor debilidad que tiene el análisis económico desarrollado por el mainstream académico. Sus modelos estáticos basados en supuestos como la competencia perfecta, el pleno conocimiento y la no presencia de incertidumbre existen, únicamente, en el estrecho mundo de las aulas universitarias.

El libre comercio no solamente es lo más eficiente para producir riqueza, es también el único método ético porque, lo hace a través del servicio. Cualquier persona que quiera ser exitosa en el mercado, solo puede serlo si, primeramente, sirve a su prójimo. En el mercado un vendedor, un médico o un cocinero están sujetos a las reglas de la oferta y la demanda. Si demuestran ser serviciales, sus ingresos superan a sus costos, por tanto, su cuadro contable refleja ganancias (las pérdidas son una muestra de lo contrario).

El bienestar de la mayoría de la población depende del grado de competencia. Sociedades con un alto grado de competencia en el mercado gozan de mayor producción, mayor calidad, mayores salarios y mejores precios. La diferencia entre EEUU y Bolivia radica en los marcos jurídicos. Mientras la nación del norte tiene una larga tradición que favorece al libre mercado; Bolivia es un infierno fiscal donde el estado se adueña del 50% de la riqueza generada por las empresas.

El mercado libre tiene además otra ventaja: la convivencia pacífica entre pueblos. Cuando estamos en una economía donde funciona la libertad de precios, no importa ni la nacionalidad del vendedor ni su origen étnico. En EEUU las personas de diferentes nacionalidades, se relacionan entre sí, sin la necesidad de la intervención de ninguna autoridad estatal. Precisamente, las migraciones forzosas y los subsidios a los migrantes son las principales causas de desorden social (algo promovido por el partido Demócrata en ese país).

Aparte de la seguridad y la justicia, cualquier intervención estatal en el mercado es, una clara violación a los principios éticos. Los impuestos elevados y abusivos, las regulaciones de las tasas de interés y las restricciones al comercio exterior son, expropiaciones de facto de la propiedad privada.

Como afirma mi maestro el economista ecuatoriano Juan Fernando Carpio: la ética debe ser el eje central sobre el que giran las discusiones de política, derecho y economía.

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