En Bolivia, los meses de febrero y marzo son los favoritos para reactivar el tema marítimo. Frases como muera Chile, Bolivia digna y soberana con puerto propio y El mar es un derecho, recuperarlo es un deber invaden los medios de prensa y las horas cívicas colegiales. 

La mayoría de los analistas trata el tema con muy poca seriedad y usando argumentos sentimentales. Lo común es acusar a Chile de ser un ladrón y el culpable de la pobreza y el atraso nacional, pero la pregunta que nadie hace es: ¿es verdad que nuestros problemas tienen como causa central la falta de una salida al Pacifico?

Para responder es necesario repasar un poco de historia. En este sentido, Jerónimo Giordano, de Fundación Libre, nos explica que los tratados de 1866 y 1874 colocaban el límite norte chileno y sur boliviano en el paralelo 24, de manera que Bolivia afirmaba su propiedad de derecho sobre el litoral. El trance que cambió el status quo radicó en el decreto del presidente boliviano, Hilarión Daza, de aumentar 10 centavos extra por quintal de salitre exportado, medida que violaba el artículo IV del tratado de 1874, el cual prohibía el aumento de los derechos de exportación por los subsiguientes 25 años.

A raíz de lo anterior, Chile inició una fuerte protesta exigiendo el cumplimiento de los acuerdos diplomáticos, reclamo que cayó en saco roto. Haciendo oídos sordos sobre los compromisos, Daza ordenó el cobro del impuesto y, ante la negativa de la gerencia de las salitreras, ordenó su inmediato embargo y remate. El desconocimiento del tratado por parte del gobierno del altiplano empujó al presidente Aníbal Pinto a enviar 200 hombres con la misión de ocupar Antofagasta y evitar el remate de los capitales chilenos; tropas que serán recibidas con la algarabía popular de los lugareños, de abrumadora mayoría chilena. Como represalia, Daza declaró la guerra a Chile, exigiendo inmediatamente al Perú la aplicación de una alianza militar secreta, firmada años atrás, a la cual la nación inca honró proclamando el estado de beligerancia contra el invasor meridional.

Técnicamente, la posesión boliviana sobre las aguas del Pacifico fue, meramente, de derecho. La población, los capitales y las inversiones eran de mayoría chilena (para esa época la industria boliviana estaba concentrada en la explotación minera). La historia nos muestra, que el tema marítimo fue, a duras penas, algo secundario hasta la Guerra del Pacifico.

¿Cuánto afecta en los costos la falta de un puerto soberano? Muy poco, el transporte internacional es solo un 10% del costo total en la importación de cualquier mercadería. Las mayores erogaciones son para pagar los gravámenes arancelarios y otro tipo de trámites burocráticos. Por ejemplo: un importador de vehículos nuevos, tiene que pagar Gravamen Arancelario (10%), el IVA para importaciones (14,9%) y el servicio de almacenamiento y despachante de aduanas, estos suman alrededor del 45% en tributos.

Los impuestos siempre significan mayor erogación por unidad de producto, es decir, menor productividad y, por ende, menor cantidad de productos que a su vez significan menor nivel de vida puesto que la lista de los bienes se reduce respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado el arancel. Nuestro mayor problema no es la falta de un acceso soberano al mar. Es el sistema socialista que nos obliga a vivir rodeados de restricciones y a pagar muchos impuestos.

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