La nueva izquierda, a diferencia del marxismo clásico, concentra en la cultura, su ataque a la civilización occidental. Para tal fin, la educación es una de sus armas seleccionadas. Desde el brasileño Paulo Freire hasta el boliviano Felix Patzi, consideran la educación como un instrumento de subversión revolucionaria.

Según Freire existen dos tipos de educación: la domesticadora y libertadora, las cuales se contraponen de forma directa. La primera, también llamada educación bancaria, posiciona al docente como figura central del proceso de enseñanza. Bajo esta lógica, el educador posee el monopolio del conocimiento y es responsable de imponer el saber al educando, en tanto estos últimos adoptan una posición pasiva y se limitan a practicar la memorización mecánica cómo método de estudio. La segunda, también conocida como educación problematizadora, fue elaborada por Freire como una alternativa a la primera, con el cometido de eliminar la dicotomía entre educadores y educandos, destruir la pasividad de estos últimos y estimularlos a transformar su realidad.

Sin embargo, en los hechos, la verdadera idea liberadora de Freire es destrozar los valores familiares de los niños y formar activistas de izquierda desde el kínder. Y para ser sinceros, debemos reconocer que tuvo éxito. La verdad fue expulsada del aula de clases y reemplazada por el relativismo filosófico. La gramática, la lógica y la aritmética están de vetadas (porque según esta tesis son rasgos del colonialismo). Ahora lo importante, es aprender sobre cosmovisión andina, filosofía amazónica y economía comunitaria.

La historia fue reescrita: el hombre blanco, cristiano y heterosexual es el culpable de cuantas desgracias ocurrieron en la humanidad. La ética y moral tienen prohibido entrar a clases: su lugar lo ocupa el marxismo cultural. Los profesores no podemos hablar ni de Dios ni la familia, se nos exige ser neutrales en esos temas. Los viejos y sabios maestros fueron reemplazados por el pedagogo. Técnicamente, es el comisario del pensamiento, que vigila que todos los profesores y colegios cumplan con los lineamientos del programa oficial de educación.

Marino Pérez Álvarez (psicólogo, escritor y profesor), en su libro Volviendo a la normalidad, destruye por completo el concepto del llamado Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Lo muestra como una enfermedad inventada, cuyo único propósito es eliminar la individualidad. Pérez explica que en realidad los niños se aburren con facilidad, y que la distracción es un comportamiento natural en la infancia. No necesitan tratamiento psicológico: necesitan disciplina paterna y materna, afectos y formación en valores.

Amable lector, ¿notó usted la trampa?: la psicología sirve como instrumento de control social para que la familia sea reemplazada por el Big Brother estatal. La familia, la propiedad privada y la economía capitalista son los eternos blancos de la izquierda. Lo único que modificaron fueron sus métodos. La guerrilla armada tipo Fidel Castro, fue reemplazada por la pedagogía liberadora de Paulo Freire, las expropiaciones forzosas se cambiaron por las tasas impositivas elevadas y el obrero fue sustituido por el homosexual como el sujeto revolucionario.

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