La tarea es bastante complicada, sin duda. Las posibilidades que tiene Andrés Manuel de llegar a Los Pinos (o más bien a Palacio Nacional) son muy altas. Pero tampoco es invencible y creo que, si el candidato del Frente logra tejer una campaña bien delineada y diseñada, podría llegar a dar una sorpresa. 

Los estudios demoscópicos preliminares que se han levantado después del debate sugieren que, si bien Anaya ganó unos puntos, López Obrador no tuvo casi ninguna afectación (tomando como referencia a Massive Caller). No se equivocan los analistas que dicen que los dos ganadores del debate fueron precisamente Ricardo Anaya y Andrés Manuel. Uno porque subió puntos y el otro porque logró mantenerse.

Para que la estrategia funcione, es imperativo que el equipo de Anaya no caiga en la desesperación (básicamente, que no cometan el cúmulo de errores que está cometiendo el PRI) y que no caiga en la tentación de querer tomar el camino corto u obvio. Para pensar en la estrategia es muy importante tomar en cuenta los siguientes factores.

  • 2018 no es 2006.
  • El hartazgo, y no el miedo, es la principal emoción que mueve la elección.
  • La principal motivación del electorado es sacar al PRI a patadas del poder y parece ser más grande que el miedo a López Obrador.
  • Los ciudadanos son bastante más pesimistas sobre la situación actual del país que en las elecciones pasadas.
  • Cuando el ciudadano siente que las cosas en el país van mal se sentirá más motivado a tomar un riesgo para así esperar un cambio positivo. Así, son más personas las que sienten que no tienen nada que perder.
  • Prácticamente todo el electorado ha escuchado sobre la vinculación mediática entre Andrés Manuel López Obrador y regímenes como los de Venezuela y conoce la frase un peligro para México.
  • El electorado ya se hizo una idea muy clara sobre quién es López Obrador, por lo cual, querer cambiar la percepción que se tiene sobre el tabasqueño es muy difícil.

Ahora entendamos las características del segmento de la población que tiene la intención de votar por López Obrador. Hay un porcentaje mayoritario de personas que votarán por él y no cambiarán su voto (de hecho, en los estudios demoscópicos también se muestra que, de todos los candidatos, su segmento es el menos inclinado en cambiar de opinión), pero hay un porcentaje, que es básicamente el que ha logrado ganar estos últimos meses, que muy posiblemente no simpatice del todo con AMLO o al menos que no sea fiel a él como el voto duro pero que votará por él porque es el salvoconducto para castigar al PRI y a la clase política. De los 40 puntos que aproximadamente tiene López Obrador, podría sugerir que la composición de este voto útil es de 6% u 8%.

La apuesta de Anaya será robarle lo más posible de ese pastel a López Obrador para que, junto con el voto útil que acumule de los candidatos que están quedando fuera de la jugada como José Antonio Meade y del voto indeciso que resta, le alcance para alcanzar al tabasqueño. Se ve algo difícil, pero no es de ninguna manera imposible.

Si Anaya le roba un porcentaje de ese pastel, cerrará la contienda con un número doble al porcentaje que le robó. Es decir, si Anaya le roba la mitad, un 3%, cerrará la brecha por 6 puntos ya que esos puntos que está ganando se los está robando a López Obrador. Si a esos seis puntos le sumáramos lo que pueda obtener de Meade o los indecisos (digamos que logre que la mayoría de los indecisos y quienes iban a votar por otros partidos se vayan con él y, suponiendo que la diferencia entre los que él acapare y los que AMLO acapare resulte en 5 puntos de ventaja) Anaya podría cerrar la brecha en un rango de 10 a 14 puntos, diferencia que ya se encuentra cerca de las preferencias brutas (que incluyen a los indecisos), que oscilan entre 6 y 20 puntos de acuerdo al compilado de encuestas que despliega el portal Oraculus (lo cerraría a una ventaja entre 10 y 18 puntos). En ese escenario, Anaya, estaría, cuando menos, ya peligrosamente cerca del tabasqueño. Estando en ese escenario, AMLO podría ser proclive a cometer errores estratégicos con lo cual podría acaparar todavía más votos del voto útil de AMLO y de los indecisos.

Pero ¿cómo robarle ese pastel a AMLO?

Recordemos que es la indignación y no el miedo el móvil principal de esta elección, que la gente ya se hizo una idea clara de quién es López Obrador y que una campaña de guerra sucia y miedo dirá básicamente lo que ya han escuchado por años. Todos recuerdan la frase de peligro para México y su vinculación con Venezuela. Entonces sugeriría descartar una campaña de contraste ya que su efecto será muy marginal e incluso podría correr el riesgo de victimizar y, por tanto, empoderar al tabasqueño.

También recordemos que la gente quiere sacar al PRI a patadas por lo cual hay que evitar a toda costa vincular a Anaya con cualquier percepción de que el PRI y el Frente están coordinados. Volvamos a los números. Si AnayaPRI tejieran una alianza contra López Obrador, Anaya se vería imposibilitado de acaparar ese voto indeciso que AMLO tiene y sería imposible que gane con el remanente (los votos que le pueda quitar a Meade más indecisos) e incluso también cabe la posibilidad de que AMLO acapare más indecisos ya que muchos de ellos también están hartos del gobierno. Entonces debemos descartar una alianza PRIPAN y, si existiera, tendría que limitarse al uso de estructuras al día de la elección que no se manifieste al exterior.

De hecho, para que Anaya le pueda quitar ese voto útil a AMLO (movido por el resentimiento a este gobierno) tendrá que venderse como antipriísta. Por eso a mí (a diferencia de algunos analistas) me pareció acertado que en algún momento del debate dejara de atacar a López Obrador para irse contra Meade. Hacer lo contrario hubiera sido casi un suicidio ya que se habría generado la percepción de que “el PRIAN” está orquestando en contra del tabasqueño. En este sentido, puede usar los ataques del PRI a su candidatura a su favor, insistir en que el sistema ha estado detrás de él para quitarlo de su camino.

Pero además de eso, de mostrarse como antipriístaAnaya tendrá que decirle a la gente por qué es mejor que López Obrador. Sí, los dos somos antipriístas, pero yo ofrezco un mejor gobierno que el de él, soy más competente que él, puedo garantizar estabilidad mientras que las propuestas de AMLO no tienen sustento para este efecto los debates sirven mucho, ya que mientras él es muy elocuente y se percibe como muy preparado, López Obrador tiene muchos problemas para debatir y se siente incómodo en esos escenarios.

La tarea es difícil, no imposible, pero es importante hacer una lectura acertada del contexto actual y que no entren en desesperación. La paciencia y la mesura, en estos casos, suelen ser una muy buena estrategia.

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