Ha habido mucha discusión al respecto de si AMLO propone perdonar a los asesinos y secuestradores del Crimen Organizado. Este texto se puede interpretar como un llamado de atención a todos, y en especial a los criminales organizados de por qué no es bueno confiar en la propuesta así de vagamente hecha de parte de AMLO.

Yo me opongo a la amnistía porque me parece extremadamente complicada como tal. En cambio hay rutas intermedias para lograr un efecto semejante sin tener que aplicar el olvido.

La amnistía es, por su etimología, un mecanismo de perdón a criminales por la vía del olvido. Borrón y cuenta nueva. Normalmente se perdonan sólo ciertos delitos, ocurridos en tiempos específicos y en lugares específicos, por agentes específicos y finalidades específicas. Por ejemplo, puede haber un levantamiento armado en México, y se puede llegar a una amnistía de las muertes en combate de ambas partes, pero no se puede dar amnistía a un homicidio simple de alguno de los soldados a su esposa o concubina, porque ¿qué relevancia tiene para la pacificación perdonar al que matare a su mujer aún en el marco de una revuelta civil armada?

Así, el elemento de que la razón de la amnistía debe ser política es importante. De hecho, es fundamental. No se puede dar amnistía a un secuestrador simple, el que detecta quien tiene un vehículo nuevo, y lo secuestra por 5 o 15 mil pesos.  No hay nada político allí que valga la pena salvar, excepto quizá para un izquierdista radical al ejercer un acto de redistribución de la riqueza, por ejemplo.

Suponiendo que el proyecto de amnistía que pensó AMLO es sensato en todo, cabe la pregunta: ¿qué tipo de objetivo político, defendible ante el Congreso y el público, encuentra AMLO entre la gente del crimen organizado que ha matado, violado, secuestrado, extorsionado, despojado inmuebles, robado y destruido cosas?

El objetivo político de la igualdad socioeconómica.

AMLO tendría que justificar la lucha de los mafiosos que plantan droga, la procesan, la venden y defienden su emporio clandestino con medios no legales—como son el secuestro, el asesinato y el despojo – con base en que la mafia es producto de la pobreza y la desigualdad.

El problema con esta estrategia es que mientras no se erradique, las personas podrán recurrir a secuestros simples, robos, fraudes y otros delitos patrimoniales contra quien sea que tenga más dinero que ellos, y alegar que lo hiciere por razones políticas susceptibles de amnistía. Esta posición sería extremadamente generadora de caos.

Este parece ser su rol político más natural con el discurso que ha venido manejando desde que entró al PRI, allá por el sexenio de Luis Echeverría, a quien se le atribuye haber sido económicamente progresista—la igualdad socioeconómica– pero extremadamente represor de izquierdistas—la matanza del 68, y la posterior Guerra Sucia

Que AMLO y sus seguidores se inclinaran por esta postura además es consistente con una hipótesis perversa. Si los criminales organizados actúan con base en una intención política, ¿qué nos hace pensar que no son aliados de las FARC, de Nicolás Maduro o alguna nueva guerrilla cubana disfrazada de mafia por motivos de pasar más fácilmente inadvertidos? Si este fuera el caso, estaría AMLO violando un principio del derecho: el de que nadie debe beneficiarse de sus propias fechorías. A plazo largo parecería que hacemos jurídica y políticamente rentable esta forma de invasión y lucha política: mata, secuestra, aterroriza. Al final, cuando quieran paz, te van a dar lo que pides.

Ningún país sensato puede transigir por esta vía, porque la igualdad no tiene llenado posible y suele conducirnos a la pobreza generalizada. Gastar todos podemos, pero producir no es igual de fácil.

El objetivo político de la libertad económica.

AMLO tendría que justificar a los mafiosos del crimen organizado como aquellos que por una norma que restringe seriamente libertades económicas—producción, trasiego y venta de drogas – se han visto orillados a la clandestinidad por medidas paternalistas y proteccionistas, que son cuestionables políticamente con toda fuerza y claridad. De ahí, derivó la necesidad de generar un aparato represor para aquellos que, en la clandestinidad, juzgaron que podían robar, defraudar o matar a los exitosos narco-empresarios. También alcanza para justificar ciertos secuestros, en concreto, de aquellos que pidieron préstamos o se obligaron a hacer tales o cuales conductas sin cumplirlo, o para secuestrar a gente que pidiendo préstamos al narco, no los paga en tiempo y forma, ¿y qué otro recurso le quedaría al mafioso para cobrar un dinero de procedencia ilícita, pero por una ley cuestionable?

El problema con esta estrategia es que para ser confiable deberíamos ver en AMLO un discurso más amigable con el emprendedurismo, claramente en favor de la legalización de las drogas, de la prostitución, de la regularización del mercado de piratería—de modo que se pueda cobrar a los infractores de las leyes de protección a derechos de autor sin tener que meterlos a la cárcel–, y en general toda otra conducta que aunque es imprudente por razones espirituales, psicológicas e higiénicas no deba serlo además por razones de seguridad pública.

¿Es AMLO un defensor de la libertad de empresa incluso para que la gente haga dinero a costa de intoxicar a los jóvenes? ¿Es AMLO un defensor de ganar dinero a cambio de sexo profesional?

El problema más grande de esto es que el cobro alto de impuestos genera toda una motivación productora de clandestinidad: sale más barato arreglarse con la autoridad para pagar 10 millones de dólares, en lugar de 30, a cambio de dar comisiones a tres o cuatro personas para que encuentren o hagan un hueco legal. Así, la única manera de hacer socialmente indeseable la formación de grupos clandestinos es bajándole el incentivo económico al incumplimiento de la ley lo más que sea posible. Sin llegar a legalizar el sicariato, o por ejemplo, el robo o el secuestro, sí baja mucho el trabajo y precio de la seguridad pública, mientras menos dinero haya en violar normas políticamente cuestionables.

AMLO no es un libertario. Aunque ha dicho que valora la libertad, y que respetará a la libre empresa, arremete aquí, allá y acullá con que debe haber más igualdad socioeconómica, que debe haber precios de garantía, que hay sectores económicos estratégicos que decide él mismo que lo son, y que no se pueden dejar en manos de las fuerzas del mercado—es decir, en las manos de los mexicanos –.

Thomas Sowell lo decía más o menos así: cuando la política trata de controlar la economía, lo que invariablemente pasa es que los políticos adquieren ipso facto un precio.

¿Y tenemos duda de que todos los políticos son grandes gastadores? Pregúntenle al que más millones de pesos ha costado al erario en campañas políticas, por mencionar sólo un rubro.

Bien, para cerrar. Los del crimen organizado no deberían tomar en serio el ofrecimiento de AMLO. No podrá cumplir genuinamente por razones jurídicas el primer tipo de amnistía. Pero el segundo tipo no lo cumplirá por razones psicológicas, sociales y electoreras. AMLO no condenará honestamente a regímenes donde se ha practicado una redistribución absoluta de la riqueza. Además, en esos regímenes la muerte sigue reinando tan fuertemente, que de hecho al crimen organizado le conviene seguir organizado, armado y dando muestras de su poderío. En especial porque esas serán las reglas de protección de la propia riqueza y de su generación, es decir, aquella razón que los llevó a la clandestinidad para empezar.

Finalmente, lo que en caso de dar amnistía por motivo político de libertad económica sería mejor es simplemente legalizar la producción, trasiego y consumo de drogas. Claro, a cambio de tratarlas como el alcohol; deben ser causales de interdicción, pérdida de patria potestad, pérdida sobre todo de ciertos empleos, y también de derechos sociales y de salud, aspirando a que sean financieramente sostenibles esta clase de reformas.

No es necesaria la amnistía como tal, y no ponemos siquiera sobre la mesa la mera posibilidad de poner a una madre de un muchacho asesinado frente a su asesino, con la mira del país completo presionando para que viéndole a la cara le diga: adelante, vive tu vida en libertad, cobra tu beca, ve a la universidad, conoce al amor que te falta, pero por favor, no vuelvas a matar.

¿Se imaginan?

Está durísimo por donde se le vea.

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